En el año 2026, la flamante división de ingeniería genética del Ejército Mexicano creó el Programa Gran Chihuahua y el primer y último Centro de Producción Canina, un proyecto piloto de edición genética CRISPR-Cas9, para modificar el genoma de las células germinales de dos especímenes de perros chihuahueños.

Dicha iniciativa se basó en el trabajo de dos famosos etólogos alemanes, quienes demostraron que esta raza, de origen mexicano, es la más agresiva en toda la especie Canis familiaris. El programa secreto se enfocó en editar el gen que determina el crecimiento y tamaño de estos perros, los más pequeños de toda su especie. La meta era crear los más agresivos y eficientes binomios canófilos, con activos biológicos de un tamaño estimado de entre cuatro a cinco veces su tamaño normal.

Gran Chihuahua permitió el nacimiento de las hembras Yoali (Y1) y Tonali (T1), ambas chihuahuas cabeza de venado, que al cumplir seis meses medían un metro diez y un metro veinte a la cruz, respectivamente.

El proyecto también suscitó un descubrimiento que si bien fue inicialmente celebrado, con el paso del tiempo se tornó en un factor crítico, con consecuencias funestas para el programa: la edición del gen del crecimiento tuvo un importante e inesperado efecto en el desarrollo de la inteligencia y en las habilidades comunicativas de las perras.

Desde el mes de nacidas, Ye uno y Te uno manifestaron habilidades extraordinarias de comunicación entre sí. Cuando, más tarde, inició su entrenamiento por separado, para que cada una desarrollara capacidades especializadas y complementarias, el equipo multidisciplinario a cargo se sorprendió al descubrir que cada aprendizaje individual era asimilado por el otro activo biológico de manera simultánea; esto suscitó un acalorado debate entre los biólogos y etólogos responsables e incluso, un caso de insubordinación que causó baja inmediata por indisciplina, cuando uno de los científicos militares intentó sustraer evidencia para demostrar la teoría de la resonancia mórfica de Rupert Sheldrake.

El proceso de adiestramiento se convirtió en una pesadilla para los efectivos encargados del Centro de Producción Canina. Las dos hembras entendían y aprendían con asombrosa rapidez los comandos e instrucciones, y sus capacidades psicomotrices eran igualmente sorprendentes: en pocos minutos podían realizar tareas sofisticadas como detectar explosivos; seleccionar armamento, introducirlo en sus maletas tácticas y ayudarse la una a la otra a equiparse; podían completar con éxito tareas de rescate y de primeros auxilios; pero fue imposible adiestrarlas en técnicas de combate. 

Yoali y Tonali desarrollaron lo que parecía a todas luces, un agudo sentido del humor con el que se “burlaban” constantemente de sus entrenadores cuando estos intentaban hacerlas atacar. Ese presunto sentido del humor iba acompañado de una impresionante resiliencia y lo que parecía un sentido de solidaridad y empatía mutua que dejó impávidos a sus entrenadores:

Si una de ellas era violentada por no obedecer, la otra aullaba de tal manera que los sonidos que emitía y que parecían lamentos humanos (el llanto de un bebé o risas histéricas) causaban un efecto paralizante en el sistema nervioso central de sus entrenadores. Esta situación se prolongó al grado de llevar a un brote psicótico a dos capitanes y un sargento, quienes renunciaron al programa y pidieron su reasignación en cuanto se recuperaron.

Al cumplir nueve meses de edad, las dos chihuahuas escaparon del Centro de Producción Canina y del Campo Militar Número Uno, sin que nadie pudiera saber cómo ni hacia dónde. Los responsables operativos del primer y último proyecto de ingeniería genética de la Secretaría de Defensa Nacional, fueron dados de baja o reasignados a tareas administrativas.

Un publicitado contrato con la empresa china de robótica militar Deep Robotics, para incorporar Robodogs a las fuerzas armadas, así como la evidencia acumulada del carácter completamente inofensivo de las chihuahuas, permitió archivar el proyecto y clasificarlo como una misión fallida, sin mayores consecuencias para los generales de división que idearon Gran Chihuahua.

Un año más tarde, las chihuahueñas reaparecieron en redes sociales vinculadas a un grupo clandestino de activistas etodivergentes y hackers veganos, con los que lograron no solo volverse famosas gracias a las decenas de divertidos videos en los que aparecían realizando asombrosas tareas, desde alta repostería hasta sofisticadas obras de arte y que se viralizaron con millones de vistas en todo el mundo; también establecieron una relación de mutuo beneficio con el colectivo rebelde y sus recursos tecnológicos, con los que desarrollaron un lenguaje para comunicarse con los humanos.

Yoali y Tonali fueron reclutadas por el grupo anti-especista, o al menos eso creyeron los activistas cibernéticos que las adoptaron, y quienes sabían de su existencia, fuga y desaparición por la información filtrada en los Guacamaya Papers. A ninguno pareció sorprenderle que ambas fueran vistas deambulando en los alrededores de la Friki Plaza donde, escondida en un sótano, se ubicaba la principal sede de la disidencia. Más tarde se volvió evidente que “Las Canijas”, como fueron apodadas por el colectivo, lo habían planeado todo.

Por medio de una adaptación del famoso videojuego y simulador de baile Dance Dance Revolution, Yoali y Tonali empezaron por desarrollar pasos de baile que correspondían a cada letra del alfabeto, para luego diseñar secuencias de movimientos que permitieron, en pocas semanas, crear un lenguaje conceptual y simbólico cada vez más complejo. 

Al principio Yoali y Tonali sorprendieron al mundo entero como los primeros animales en entablar una comunicación interespecie, pero pronto y gracias a la creación de nuevos términos que funcionaban como puentes entre la experiencia vital de los cánidos y de los humanos, las chihuahuas se convirtieron en líderes de opinión y en una voz cada vez más crítica del antropocentrismo en la ciencias cognitivas y de las políticas extractivistas de lo que llamaron el antropo-necro-capitalismo reinante.

Cuando (como en todos los movimientos revolucionarios e ideológicos humanos) la crítica y resistencia impulsada por el ahora denominado Movimiento de Liberación Humanimal, se cristalizó en dogmatismos y en una nueva política de identidad, con su fanatismo, sectarismos y violencias congénitas, Las Canijas dieron el siguiente paso en su plan.

Acompañadas de un puñado de activistas que aún creían en la posibilidad de transicionar a una nueva animalidad, y a una ontología y epistemología no dualistas, y gracias a la modificación de un programa de encriptación que los hackers mexicanos robaron a la CIA, los cánidos produjeron una mutación irreversible en el lenguaje humano.

Por medio de una transmisión global que vulneró todos los medios electrónicos a nivel planetario y con el uso de señales de alta frecuencia, las chihuahuas incorporaron y tradujeron los estímulos de su desarrollado sentido del olfato, así como de su característica afectividad y compasión indiscriminada, a la imaginación y capacidad fabulatoria de los homo sapiens sapiens.

En tan sólo unos meses, esta mutación del lenguaje desencadenó una transformación sinestésica de la mente humana cuyas ondas expansivas a escala planetaria derrumbaron todas las fronteras políticas, sociales y psicológicas que mantenían a los humanos como seres psíquica y epistemológicamente separados del resto de las especies. 

A tan sólo dos años de la creación del Proyecto Gran Chihuahua, el proceso bioquímico y neurológico por medio del cual los humanos mantenían una identidad separada del resto de sus congéneres, y de las demás formas de vida, se disolvió como se disuelve la membrana fosfolipídica de las células, cuando un virus la penetra para modificar su información genética y generar un salto evolutivo.  

Con la extinción del pensamiento religioso, las primeras instituciones en derrumbarse fueron los ejércitos, en cuanto las nociones de individuo, familia y nación se volvieron obsoletas, junto a otros símbolos ahora evidentemente infantiles, nocivos o inútiles, como la idea de dios.

El lenguaje humano, como lo conocemos, se volvió inútil para describir la nueva era que inició en el planeta. El resto de las formas de vida, materiales e inmateriales, dió la bienvenida a lo que alguna vez se llamó humanidad, a una realidad más antigua que cualquiera de las así llamadas civilizaciones: al micelio energético e invisible que sostuvo compasivo todas las historias, mientras fueron necesarias, hasta que las últimas palabras desaparecieron. 

Fotos: Baalzabut

Alberto Nava

Alberto Nava

Vudúcrata Cero

Escritor, guionista y fotógrafo; expolitólogo, exterapeuta, exsanyasin. No supo lo que tenía hasta que le hizo acupuntura a distancia.