La soledad de la escritura es una soledad sin la que el escribir no se
produce, o se fragmenta exangüe de buscar qué seguir escribiendo. Se
desangra, el autor deja de reconocerlo.Marguerite Duras
No estoy solo. La soledad no es posible.
Un escritor nunca está verdaderamente solo. Las letras, las palabras, esa herencia maldita, son siempre una multitud que me engaña con su rumor, su murmullo constante y enloquecedor. Porque lo que susurra y luego grita, a veces canta o reza esa muchedumbre, es la mentira más antigua: que yo existo, que estoy vivo y que ante todo puedo también, escribir.
Hay un reloj cuyo ritmo está marcado por las muertes infinitas de una lluvia interminable de moscas, que a cada segundo caen para recordarme esa mentira: que aquí hay alguien para escribir de ello.
No estoy solo, porque no existo y nunca fui un escritor, más bien fui escritura de todas mis lecturas, esas multitudes que inundaban mi casa llenándola de sentido, esa sustancia de la que está hecha la locura.
No estoy solo porque no se puede estarlo: el universo infinito está sobrepoblado de letras, de palabras necias que me rodean, me arropan, me consuelan; solo para después acosarme, poblarme de llagas e incendiarme con esa exigencia que ahoga, la adicción más antigua de todas, la frenética necesidad de entender, de explicar, de narrarme a mi y a todo lo que me rodea.
No estoy nunca solo porque cada narrador pare al instante a su narratario como el espejo a su reflejo.
Tal vez, solo tal vez, un escritor esté verdaderamente solo, cuando por fin se recupere de esta enfermedad crónico degenerativa que llamamos vida y solo tal vez: porque probablemente la compañía más real que un escritor pueda tener, sea la muerte.
Foto: Baalzabut

Baal Zabut
Vudúcrata cero
Expolitólogo, expsicoterapeuta corporal transpersonal, expublicista, exsanyasin. Escritor, guionista y fotógrafo.
No supo lo que tenía hasta que le hizo acupuntura a distancia.














