Lo que le pasó a Hernández, el astronauta mejor evaluado de su generación, es una historia que ahora forma parte de los manuales y protocolos de seguridad que se imparten a los candidatos a viajar al planeta Elon X1.

Hernández no solo obtuvo los mejores resultados en pruebas de inteligencia, capacidad física y resistencia al estrés, demostró grandes capacidades de pensamiento lateral, liderazgo y empatía con todos los equipos con los que interactuó.

El reporte de sus compañeros de misión señala un accidente menor como detonante del caso Hernández.

“El Capitán Hernández salió de la estación de transformación atmosférica a las 1500 horario EX1 meridiano cero, acompañado del joven piloto Oberazbacher. En la bitácora asentó que se trataba de una caminata sobre la superficie sin un objetivo específico relacionado a la misión. A su regreso el capitán y el piloto reportaron que una tormenta de polvo de silicio los sorprendió mientras atestiguaban el crepúsculo vespertino. Una astilla de este metaloide tetravalente hizo una perforación milimétrica en el visor del Capitán Hernández. El reporte se limitó a registrar que dicho evento permitió constatar lo que sugerirían estudios atmosféricos: la mezcla de gases era prácticamente igual a la terrestre, nitrógeno, oxígeno, argón y dióxido de carbono, con cantidades menores de otros gases como neón, helio y metano.”

Lo que no pudieron explicar los integrantes de la misión y que decidirían no incluir en los reportes es lo que Oberazbacher confesó más tarde: Hernández tomó un vehículo de exploración de la superficie y comenzó a “perseguir el atardecer”.

“El capitán estaba eufórico, mientras abordaba el vehículo decía que el atardecer tenía una fragancia, un olor maravilloso, no llevaba su casco; apenas pude ponerme el mío y subirme al asiento del copiloto porque arrancó a toda velocidad. Debimos haber presenciado unos cincuenta crepúsculos (Elon X1 es un planetoide en realidad) y cada uno parecía trastornar más al capitán, quien inhalaba ruidosamente mientras los dos soles del sistema desaparecían en el horizonte. Decidimos no reportar los detalles de estas exploraciones porque en una de esas largas jornadas avanzando compulsivamente al atardecer, encontramos agua”.

El capitán Hernández desarrolló lo que más tarde se denominó un trastorno por abuso de crepúsculos elonianos. Su accidente permitió descubrir que si bien la atmósfera de Elon X1 es similar a la terrestre, la exposición a sus elementos produce una alteración sinestésica que dificulta la realización de las actividades más básicas: beber el agua de Elon X1 produce una nostalgia apenas soportable con secuelas que exacerban el aspecto lírico del lenguaje, por lo que al beberla uno no puede sino hacer poesía compulsivamente y cuestionar radicalmente el sentido de los objetivos más inmediatos. Tocar la superficie del planetoide produce sonidos que alteran el sistema dopaminérgico de manera aguda; esto último se descubrió cuando tras un proceso de rehabilitación, el Capitán Hernández regresó a Elon X1 y volvió a escapar de la estación para ser descubierto nadando en estanques de lodo al atardecer. Cuando aceptó regresar a rehabilitación no dejaba de afirmar que acababa de componer la más magnífica y fragante sinfonía.

Fotos: Baalzabut

Baalzabut

Baalzabut

Vudúcrata Cero

No supo lo que tenía hasta que le hizo acupuntura a distancia.